Antes de que Hollywood le pusiera capa y antifaz, el enmascarado que le robaba a los poderosos para repartir entre los de abajo ya cabalgaba por Sierra Morena. Y, fíjate tú, llevaba sombrero cordobés. Así que empecemos por el principio: por qué esta bitácora se escribe con Z.
El enmascarado siempre fue de aquí
El Zorro nació en un folletín americano de 1919, de acuerdo. Pero no se lo inventaron de la nada: bebe del bandolero romántico del sur, ese que la literatura y la copla llevaban un siglo cantando. El sombrero plano, la capa, el estoque, la marca que deja al marcharse… todo eso huele a Andalucía antes que a California.
Aquí tuvimos a los de verdad. A José María «el Tempranillo», que dicen que cobraba peaje en los caminos con más educación que muchos bancos de hoy. A Tragabuche, torero y bandolero de Ronda, que le da nombre —con cariño y con guasa— al compadre de esta casa. La sierra estaba llena de enmascarados que le quitaban al que le sobraba para dárselo al que le faltaba. El mito no lo inventó Hollywood: lo dobló al inglés.
Por eso el SEO, aquí, se dice ZEO
En media Andalucía, cuando dices «SEO», suena «ZEO». Podríamos disimular el ceceo, como quien esconde de dónde viene para que lo tomen más en serio. Pero va a ser que no. Aquí se escribe con Z a propósito: porque es como suena, y porque la Z es, justamente, la firma que dejaba el enmascarado. La señal de que alguien pasó por aquí, hizo su trabajo y contó la verdad.
Y, ya de paso: nadie escribe SEO con Z. Que para posicionar una marca, empezar por un nombre sin competencia tampoco está mal pensado. Se ve que algo de esto sabemos.
El talento no tiene código postal
El SEO te lo venden muchas veces envuelto en inglés, en cursos de 997 euros y con el centro del mundo puesto en Madrid o Barcelona. Y oye, respeto. Pero el oficio de verdad —mirar los datos, plantear una hipótesis, probar, equivocarte y volver a probar— ese se hace igual en todas partes. También desde un pueblo del sur, con acento y sin pedir permiso.
Porque una cosa es tener gracia y otra muy distinta es tener poco rigor, y aquí no se confunden. El humor es el envoltorio; el trabajo, por debajo, va en serio. De hecho, esa es la única regla de la casa: puedes reírte de todo menos de los datos.
Se demuestra, no se firma
¿Y por qué un enmascarado? ¿Por qué no una foto y un nombre? Pues porque aquí la autoridad no va a venir de un titular de LinkedIn ni de un cargo bonito. Va a venir de los números y de que lo que se publique se sostenga. La máscara es la manera de que juzgues el trabajo y no la etiqueta. Si algún día toca quitársela, será con arte —como todo lo demás.
Mientras tanto, esto es lo que vas a encontrar en la Bitácora:
- Experimentos con datos. Hipótesis, prueba, resultado. Si sale mal, se cuenta también —que de las cicatrices se aprende más que de las medallas.
- Herramientas construidas a mano. Agentes de IA y automatizaciones que uso en proyectos reales, contadas en abierto. No reseñas: las mías.
- Humo desmontado. Cada moda del SEO pasada por el detector, sin acritud pero sin piedad.
Y por ahí andará Tragalinks, mi compadre: grande como un armario, noble como el pan y capaz de comprarle enlaces al primer vendedor de crecepelo que pase. Cada vez que lo veas meter la pata, pregúntate si no estarás haciendo tú lo mismo.
Esto acaba de empezar
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